Ilusiones Sobrevaloradas

- -

lunes, 8 de marzo de 2010

Cortar el pelo.

Para cualquiera, incluyéndome a mi, el tema del pelo no es precisamente algo apreciado, ni que aparentemente de mucho que comentar. No pretendo ni mucho menos que esto parezca importante, ni siquiera pretendo que lo sea sin parecerlo. Quizás simplemente haya escogido esto como podría haber elegido cualquier otra cosa, solo con tal de tener una base sobre la cual reflejar lo que pienso, y poder construir metáforas e imágenes que me ayuden a explicarme.
Me resulta especialmente curioso todo procedimiento acicalamiento de nuestro aspecto en el que intervenga un elemento cortante. Y de entre todos estos procesos, el más inquietante es el de arreglarnos el pelo. Cortamos, literalmente, una parte de nuestro cuerpo, para darnos un aspecto diferente, por comodidad, para revitalizarlo o simplemente para que no se alborote demasiado y devolverle un poco el orden.
Nada podría recordarme de manera más absurda al comportamiento humano.
Cortamos nuestros instintos continuamente con el fin de sobrevivir. Ya sea para con los demás, como cuando coartamos emociones y pensamientos, evitando la intervención ajena en lo que se desarrolla en nuestro coquito, o por el contrario, impidiendo la actividad cerebral para poder dejarnos llevar. A menudo también recortamos el "yo" para evitar que se eche a perder en una espiral de autoanálisis y crítica destructiva. Y a escala más pequeña, tiramos de las líneas de puntos del pensamiento, para desprendernos de esas pequeñas impresiones que nos avasallan constantemente, impidiendo que nos concentremos en algo.
No sé si todo esto, esta carnicería mental es necesaria, o prescindible. O hasta que punto contiene de ambas cosas. A una conclusión si que puedo llegar, y es que todo esto me hace preguntarme donde empieza lo que soy yo y donde lo accesorio. Un buen corte de pelo, para que surja fuerte de raíz, y cortar todo aquello que ya quedó marchito. O simplemente un arreglo de las puntas, que viene bien de vez en cuando, que si no se queman y se abren, de tanta AGRESIÓN EXTERIOR y LAVADO.

2 comentarios:

David Poulain dijo...

Escriba algo!!!
Que pasa, que como su novio ha regresado no tiene tiempo ni para escribir el segundo post? venga ya!

tekeru!!!!

Daviwee*

Bangtheflash dijo...

Genial. Y no olvidar el acondicionador, para suavizar esas puntas asperas, moldear esa parte de nuestro caracter que no encaja donde queremos que lo haga... En el fondo somos todos unos hipócritas... No, en realidad no, creo que más bien intentamos sobrevivir y eso conlleva algo de sacrificio...
Me busta y te sigo, mi amol :)