Y una vez más me encuentro a solas contigo. ¿Qué puedo hacer? ¿Qué tengo que hacer para que no vuelvas a mostrar tu rostro deforme cuando no hay nadie? Tú nunca tienes suficiente. Tú nunca te das por vencida. Siempre, siempre tienes que volver a por más.
Sé porqué estás aquí y ahora. Conoces mis dudas, sabes tan bien como yo que una figura en equilibrio sobre el aire nunca puede durar. Una vez más vienes e intentas convencerme de que mi sonrisa es infundada, de que mi alegría es tan absurda en sus raíces como sus frutos.
Te repito que no quiero que vuelvas nunca, nunca más. Te quiero tan lejos de mí como cualquiera de los sueños de los que me has hecho desistir alguna vez, agujereando como una roedora mi ilusión, minando mi voluntad.
Sé que te gustaría ver mi risa evaporarse en la humedad de mis ojos, hacerme creer que es nulo su valor y hueco su origen, que su caudal está seco y que es su sonido el de un árbol podrido y vacío que se ríe por no llorar de su propia decadencia.
Quiero que te marches para no volver…pero no sin antes responder a las últimas palabras que jamás volveré a dirigirte:
¿Eres tú parte de mí?
¿Qué sueño tendré que sacrificar esta vez para verte lejos?
martes, 23 de marzo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario