Hace unos años, recuerdo que en clase de filosofía de bachillerato, nos explicaron lo que era la percepción. Nuestro cerebro realiza una serie de procesos por lo cuales , basándose en los impulsos que recibimos del exterior elabora una imagen de la realidad. Debido a la experiencia única de cada sujeto, esta imagen es siempre subjetiva y por lo tanto diferente para cada uno de nosotros.
Siempre decimos que la gente nunca cambia, que al final, todo acaba siendo lo mismo, y que todo se repite. Que todo es un ciclo, que siempre cometemos los mismos errores. Puede que esto tenga algo de verdad y es que siempre me veo pidiendo a una tras otra persona que pasa por mi vida que no me haga daño, que soy frágil, que he almacenado suficiente desconfianza y que no necesito más. Ayer pensaba todo lo contrario, parece que nunca se ven suficientes veces las historias, parece que una tras otra vez puedo sufrir exactamente las mismas ofensas y caer en las mismas trampas, y que NUNCA se tiene suficiente desconfianza. He descubierto que es mentira. Ninguna de los ataques fue igual a la anterior y ninguna de las emboscadas de la vida se repitió con exactitud, si no es en que me abrió un poco más lo ojos. Mi percepción de las palabras y de los hechos no es la misma que hace dos años, ni la misma que hace 6 meses, ni la misma que ayer, por dar tres fechas significativas.
Ya desconfío lo suficiente, ya he gastado afecto suficiente. Ya he visto lo suficiente. Por hoy. En un tiempo (mañana, el mes que viene) será otra cosa. Pero por hoy, ha sido suficiente. Hoy, mi vida ha dejado depender de tal o de cual. Ha llegado el momento de replantearme la rutina que había creado para fortalecerme y poder reflexionar con tranquilidad. No voy a negar, que ha sido genial, que ha sido útil, que no podría haber llegado hasta aquí sin pasar por ella. Pero ahora ha llegado el momento de plantearme si merece la pena seguir con ella o no. Lo más seguro es que haya muchos aspectos de ella que merezca la pena conservar por sus beneficios, sin embargo estoy convencida de que tiene muchas partes mejorables, innovables, refrescables...
Todo esto no es más que la prueba de que mi percepción ha cambiado. Que ya no veo las cosas como las veía antes. Y es que lo necesitaba, no podía seguir pensando como lo hacía.
Y volviendo al principio, si la percepción no es más que la reelaboración del mundo captado por mis sentidos a través del filtro de mi persona, la que soy hoy no puede ser la misma que era ayer. Si yo fuera la misma persona que ayer, pensaría lo mismo de mi situación que lo que pensaba ayer, y eso no es así. La Cecilia de hoy cree que es hora de ser al fin una persona completa en sí misma.
